domingo, 25 de enero de 2015
Bienvenido 2015.
Despedir el año no puede hacerse sin que esa despedida vaya acompañada de importantes reflexiones; lo bueno, lo malo y lo que esperamos del año que está por comenzar. Desear, creer y procurar fervientemente que el año nuevo será diferente y mucho mejor es nuestra aspiración, pero pasa obligatoriamente por revisar el comportamiento económico y social de este año que culmina, el cual, para la gran mayoría de los venezolanos, estuvo signado de angustias, inestabilidad, indignación y extremo malestar, de allí que no vea nada alentador el año próximo a comenzar; dispensen mi poca fe, no porque no crea en la fuerza personal y la capacidad para sobreponernos a las adversidades que tenemos los venezolanos, lo digo porque no veo en el Gobierno Nacional Revolucionario y Socialista intención, voluntad, planes que nos indiquen lo contrario, lo único que sigue estando claro es su talante autoritario, militarista, centralista y manipulador, sin compasión y dispuesto a imponerse a costa de lo que sea.
2014 fue un año de la sociedad venezolana, de los estudiantes, de las amas de casa heroínas indiscutibles del país; 12 meses de lucha incansable, de logros y de pérdidas, de aciertos y desaciertos nacionales e internacionales, económicos y financieros. Fue un año lamentablemente de luto para la familia venezolana, de escasez de alimentos, medicinas, productos de primera necesidad, electrodomésticos, vehículos y repuestos, de inflación, de apagones y cortes eléctricos, de protestas sociales, laborales y políticas, de persecución, de amenazas, de drama en nuestras cárceles, de abusos en el Parlamento Nacional y demás Poderes Públicos secuestrados, subordinados a la dependencia política partidista indignante y perversa; de desconocimiento a las autoridades electas y con ello el irrespeto a la voluntad popular, y para colmo, de otra habilitante que solo sirvió para que Nicolás Maduro se pareciera en algo a su comandante supremo, y tuviera poder para seguir abusando de la capacidad de resistencia de los venezolanos sometidos a un indignante estado delincuente y de sospecha.
Sin embargo, esta tierra generosa también vibró durante este 2014 con cosas que nos hicieron sentir muy orgullosos de lo que somos y permitió que oficialistas y oposición habláramos el mismo idioma y sintiéramos la misma alegría; logros deportivos, culturales, musicales y artísticos nos hicieron sentir esperanzados.
También recordamos el duro trabajo de este año en la Asamblea Nacional, lleno de investigaciones, inhabilitaciones, denuncias, violaciones, despojos, pero al mismo tiempo la convalidación de una unidad convencida de no sucumbir ni doblegar nuestros principios, los hizo apelar a las artimañas y esa nefasta mayoría circunstancial que los hace sentirse inalcanzables y dueños de la verdad que disfrazan a espaldas de sus propios electores con el único propósito de mantenerse en ese poder cada vez más débil que “por ahora” disfrutan. Allí seguiremos, trabajando duro y dispuestos a enfrentar y defender hasta donde se nos permita y más allá a nuestra amada patria, gracias a la decisión de nuestra gente, de esa parte de venezolanos que piensan distinto, que cada día son más y que ven el Parlamento como legítima tribuna para consolidar la verdadera mayoría que nos haga alcanzar los cambios que demanda Venezuela.
Necesitamos tener un país distinto, un país sin diferencias, un país donde todos nuestros niños celebren la Navidad, donde las familias se desarrollen con sus propios recursos, que podamos obtener lo que necesitamos sin pasar por la indignante cola, que nuestros muchachos puedan planificar su futuro porque tendrán oportunidades de empleo y que las familias vuelvan a reencontrarse y no separarse como ocurre ahora. En Venezuela debe imperar la justicia, la imparcialidad, la meritocracia, la igualdad, el respeto, porque como decía Mandela: “Si no hay comida cuando tienes hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.
Bienvenido 2015, son muchas las esperanzas, pero la incertidumbre también, que sirvan estas experiencias para prepararnos como afrontar un año muy difícil, de severas dificultades económicas, obligados a aprender de los errores y administrar bien las victorias obtenidas, entendiendo que la unidad de propósito es la única herramienta válida para avanzar en este momento crítico de la tan golpeada y disminuida democracia que tenemos en Venezuela.
Compartamos en familia las horas que faltan para que concluya este año, sin olvidar a Dios en nuestras oraciones, seamos solidarios con los que menos tienen, en especial con la familia de Leopoldo López, Daniel Ceballos, Enzo Scarano, Salvatore Lucchese, Salas Römer, Baduel, todos nuestros estudiantes aún detenidos y el resto de los perseguidos y presos de este régimen que hace de la impunidad y la injusticia su carta de presentación.
En nombre de mi familia: Eduardo mi esposo, Carlos Eduardo y María Grazia mis hijos, quiero desearles ¡un venturoso Año Nuevo!
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