miércoles, 23 de julio de 2014
Mi columna: 537 y medio.
El domingo se realizaron las elecciones internas del Partido Socialista Unido de Venezuela para la escogencia de los 537 delegados que participarán en el III Congreso a efectuarse el 29 del corriente mes. No pretendo en ningún modo inmiscuirme en el proceso interno de una organización política, respetamos a cada partido en sus decisiones internas, pero lo que no podemos negar es que siendo el partido oficialista, esas elecciones y sus resultados tendrán incidencia directa en nuestro acontecer diario y grandes repercusiones en las acciones de gobierno que nos afectan directamente a todos los venezolanos.
Quinientos treinta y siete delegados escogidos con la democracia que da el poder, la autoridad, la línea, y que representarán a la mitad del país (porque la otra mitad está en contra), esa que creyó en un proyecto iniciado por el ex presidente Hugo Chávez cuando los desaciertos de los últimos años de la llamada cuarta república hicieron nacer en el sentimiento ciudadano la necesidad de un cambio, de un estremecimiento radical del Gobierno y del estado en sí mismo y que aferrándose a esa propuesta lo llevaron al poder. Hablar de esos cambios sería redundar en hechos recientes, conocidos y vividos hasta ahora; para algunos exitosos, para otros más de lo mismo y para casi la mitad (en los que me incluyo) con más fracasos que aciertos, entendidos no en términos numéricos ni electorales, sino en los verdaderos logros obtenidos. En su propuesta se ofreció a los venezolanos una nueva Constitución Nacional, la renovación de los poderes públicos, un nuevo modelo político, social y económico, se habló de participación y protagonismo; lo hicieron, pero también se habló de desarrollo, independencia, soberanía, estabilidad, y allí, justamente allí es donde está el meollo del asunto, es ésa la base del fracaso y la incidencia a la que me refería, porque las consecuencias las estamos padeciendo en estos momentos todos los venezolanos además de una deuda anticipada que tendrán que pagar las futuras generaciones de continuar en las actuales condiciones.
Venezuela ha gozado en tiempos de revolución de los mayores ingresos por renta petrolera de toda su historia democrática, renta que sigue siendo la base de nuestra economía que luego de 14 años de gobierno chavista y uno madurista, no sirvieron para cumplir la promesa de convertirnos en potencia con diversidad económica; al contrario, seguimos dependiendo del petróleo, mucho peor porque ahora no se trata de conseguir con ello la satisfacción de las necesidades fundamentales de la gente, de lo que se trata es de usarlo como medio para sostener un modelo político que se debilita y que solo engorda a una nueva burguesía que comienza a ser cuestionada, denunciada por sus propios aliados. Nos ofrecieron independencia, soberanía, entre otras cosas, y ahora hasta para comer dependemos de las importaciones, del dinero de los chinos casi dueños del país. Nos hablaron de autonomía, pero vivimos con un centralismo destructivo, controlador, con poderes sometidos y partidizados; una justicia cuestionada y fuerzas armadas politizadas. 15 años después, con misiones sí, con más pensionados, pero también con el salario más pobre, servicios públicos cada vez más decadentes y la mayor inflación del mundo, esa que se traga nuestro dinero en un abrir y cerrar de ojos, mientras rezas para que no te enfermes, y ruegas mantenerte vivo en un maravilloso país hoy convertido en el segundo más inseguro del mundo, con mucha corrupción, mientras su Ministro de Turismo intenta vender con semejante imagen la consigna "Venezuela es chévere".
Nuestro país no solo es chévere, nuestro país es grande en historia, en cultura, en ideales y fuerza humana que no se merece estar como está, de allí que sin ánimo de aguarles la fiesta me permito hacerles una reflexión que ese congreso no solo sirva para intentar recoger y halar las orejas a quienes se salieron o quieren salirse del carril en el que hasta ahora los había tenido su proyecto político y que comienzan a hacer públicas sus fisuras internas como consecuencia de la gravedad de la crisis por la que atravesamos, conscientes como están algunos de la responsabilidad histórica y administrativa que tienen en ella. Que no sea un simple gasto de dinero que además es de todos los venezolanos para intentar vender que las cosas están bien y todo sigue como lo dejó Chávez porque ustedes saben que no es verdad. Nuestro país se cae a pedazos y cada día será más difícil la cosa para la gran mayoría de los ciudadanos de a pie, para los empresarios, las amas de casa, los estudiantes, los profesionales y aquellos que se quieran casar y formar una familia, gente como tú, que mientras votabas sabes que allí seguían las colas, la falta de agua, de luz, acompañados ese domingo del sacrificio de muchos padres para intentar festejarles el día del niño a sus hijos que serán los herederos de una Venezuela hipotecada, comprometida y en riesgo si no decidimos cambiar.
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