miércoles, 21 de mayo de 2014

Mi columna: Nuestras vacas.

Deyalitza Aray
No sé cuántos de mis lectores han leído el libro “La Culpa es de la Vaca” pero segura estoy que la mayoría por lo menos ha oído hablar de él, su contenido sencillo reúne anécdotas, fabulas y parábolas de diversa procedencia que giran en torno a un punto común: la necesidad del cambio. Ustedes se preguntaran porque hoy en esta columna política decido hablar de este tema, pues bien, es que recorriendo en estos días algunos sectores de nuestra ciudad, conversando con algunas personas, revisando mi propia rutina diaria y observando cómo se sigue moviendo mi país, me doy cuenta que tenemos muchas “vacas” en nuestro camino que nos impiden dar ese paso para lo que la gran mayoría aspiramos; El Cambio. Les voy a poner un ejemplo local: Puerto Cabello es un Municipio hermoso por su naturaleza que ofrece espacios y escenarios capaz de satisfacer el gusto de cualquiera que lo escoja como destino; de mucha cultura, lleno de maravillosas tradiciones que nos marcan e identifican del resto de las ciudades; histórica, aguerrida, prometedora y lo más importante con gente, alegre, divertida, jovial, solidaria, amable y luchadora. Ciudad con una ubicación geográfica privilegiada, estratégica desde el punto de vista político y económico; con entrada marítima, aérea y terrestre; asiento de importantes empresas Nuestro puerto, la refinería, astilleros, el ferrocarril, y hasta una fábrica de Satélites en construcción, sin olvidar el potencial turístico que poco ha importado explotar. Cuna innegable de legendarias figuras deportivas, artísticas, profesionales y sin duda semillero de muchísimas más.
Entonces emerge la pregunta por qué estamos como estamos? Por qué una ciudad con semejante potencial sus ciudadanos tienen tanta carencias?, muchos rápidamente me contestaran porque “la culpa es de la vaca”, así sucede, nuestro municipio ha estado sometido a muchos años de indiferencia local, regional y nacional, pocos, algunos de bastante trascendencia pero no suficientes, han sido los esfuerzos para invertir y consolidar su desarrollo y que cada porteño, cada comunidad sea atendida en sus demandas. Es tanto así, que hoy con apenas algunas acciones locales unas bienvenidas por necesarias y otras absurdas por inexplicables y caprichosas asumimos el peor de los consejos el conformismo, así sucede cuando tienes poco, porque lo poco que tienes se convierte en una cadena que no te permite buscar algo mejor. El conformismo se apodera de nuestras vidas y se incrusta para impedir que avancemos, conscientes de que no somos felices con lo que tenemos pero tampoco totalmente miserables, llegando a niveles de hasta acostúmbranos a los insultos, la ofensa, el lenguaje soez y la humillación porque eso es lo único que tenemos. Es algo así como cuando tienes un trabajo que no te gusta, pero que cubre tus necesidades mínimas y te ofrece cierta comodidad aunque no la calidad de vida que verdaderamente deseas para ti y tu familia, es fácil conformarte con lo poco que tienes. Es fácil caer presa del dar gracias ya que por lo menos cuentas con algo y después de todo después de todo, hay muchos que no tienen nada y quisieran contar con el trabajo que tú tienes. Es como si hubieses decidido vendar tus ojos y conformarte con tu suerte. Todos tenemos vacas en nuestras vidas. Llevamos a cuestas creencias, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a una vida que no es la queremos tener en lo personal, pero igual pasa en la vida comunitaria.
En Puerto Cabello (como en el país), mientras nos anuncian enormes obras, grandes inversiones, mucha publicidad; afuera esta nuestra gente, matándose en las colas, durmiendo con olores putrefactos porque sus cloacas no funcionan, ahogándose en basura porque para algunos somos excesivamente “cochinos y marginales” y no por que la autoridades ineficiente, madrugando para tratar de conseguir una bombona de gas o para prender la lavadora porque a esa hora es que puedes tener un poco de agua por tu tubería, buscando un motaxi para ir a un hospital por la emergencia porque no tienes ambulancias, rezando para que no llueva duro porque se te inunda la casa y se desborda el canal y haciendo cola con una franela roja (así no lo seas) para ver si al menos te dan un chance en la refinería, en el ferrocarril o en cualquier lado de lo que maneja el gobierno que es el único dueño en estos momentos de la capacidad empleadora. Así te necesitan, así te quieren, conformes y pensando que lo que hay es lo único que podemos conseguir o lo que es peor, que puedes perder la misión que te dieron que es una compensación merecida por tantos años de esfuerzo y trabajo pero convertida en un ama de control político perverso, y todo eso queridos amigos es una gran Mentira de allí que sea necesario quitarnos la venda, atrevernos a dar el paso, dejar de cargarnos de pretextos y disculpas para explicar por qué no estamos viviendo la vida que queremos, hacer desaparecer esa “Gran Vaca” que nos impide ser parte activa del cambio que nuestros muchachos están procurando alcanzar.

No hay comentarios: