miércoles, 21 de mayo de 2014

Mi columna: Resistencia

Deyalitza Aray
La madrugada del jueves pasado los venezolanos despertamos con la sorpresiva noticia del desmantelamiento de los llamados Campamentos de la libertad ubicados en Caracas, fue una “operación de inteligencia” ejecutada por el Ministerio de Interior y Justicia encabezada por el mismísimo Ministro Rodríguez Torres y todo un contingente de la Guardia Nacional de más de 800 funcionarios. La arremetida fue brutal, obedeciendo al esquema y el libreto establecido por el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro en su frustrado intento por detener lo que ya desde hace más de tres meses comenzó en Venezuela, la protesta pacífica, pero firme que llevo a nuestros muchachos a renunciar a la comodidad de sus casas, al abrazo de sus madres, a la comida caliente y casera por estos campamentos que les permite mantenerse en las calles decididos a defender su futuro y lograr el cambio de las actuales condiciones en las que vivimos en nuestro país.
Unas 273 aprehensiones fue el saldo anunciado por las autoridades nacionales en las Rueda de prensa que ofrecieran luego de los desalojos, las imágenes daban muestra de lo presuntamente decomisado: dinero, algunas armas, molotov, pintura, cohetones, papel higiénico, agua, bebidas y presunta droga entre otros, lo que confirmaba según el Gobierno, el talante desestabilizador del movimiento estudiantil. Nada dijeron de las condiciones en que se produjo el operativo: de madrugada, sin anuncio pero lo más preocupante sin la presencia de fiscales del Ministerio Publico que garantizaran el debido proceso y el respeto a los derechos Humanos; quien nos garantiza que efectivamente eso lo encontraron allí? Quien nos garantiza que no hubo excesos, abusos el Ministro?, el mismo que no ha podido con la delincuencia del país; el mismo que fracaso con él plan A toda Vida Venezuela? El mismo que lleva sobre sus hombros vidas segadas por protestar sin que haya castigo para los culpables?
Los hechos se ejecutaron a la víspera de la celebración del Día de las Madres, mujeres que recibieron como regalo adelantado una entrada a las puertas de las estaciones de policías, de tribunales, del ministerio público esperando a su muchacho que se lo había llevado el gobierno. Ciento setenta y uno fueron los detenidos, de los cuales once recibieron privativa de libertad acusados de incitación a la desobediencia de las leyes, uso de adolescente para delinquir, obstrucción a la vía pública en grado de tentativa, daños violentos a la propiedad, entre otros delitos; mientras que otros 160 casos de estos les impusieron "medidas cautelares" como la "presentación periódica" ante los tribunales.
Toda una locura, toda una satanización, toda una siembra de temor que solo ha servido para engrosar la lista que de acuerdo al Foro Penal Venezolano lleva ya 41 fallecidos, 2.922 detenciones, 176 privativas de libertad de los cuales 7 son menores de edad, enviados a centros penitenciarios donde se procesan delincuentes comunes, y para desenmascarar a un régimen que agrede sin límites a los estudiantes y a todo aquel que se atreve a manifestar en contra de un sistema que tiene a Venezuela sumida en el mayor desabastecimiento de insumos, reprimida y ahora militarizada.
No estamos descubriendo el agua tibia, pero si será necesario recordar algunos hechos que pongan en contexto nuestra situación y cada quien valorice a su conciencia, pero necesario es desvirtuar ciertas matrices que deliberadamente confunden para entramparnos en esa suerte de neblina que justifique lo que no solo es responsabilidad del estado, sino que además es lo que al gobierno le conviene y nos quiere hacer creer. Médicos, enfermeras, trabajadores, taxistas, todos han hecho protestas por las mismas razones, inseguridad, desempleo, escasez, y nada cambia, las cifras crecen, las muertes son mayores, la inflación no te deja vivir y cuando te cansas y decides salir a la calle sin armas, para protestar y rechazar lo que pasa como hicieron los estudiantes, el gobierno te reprime, te enfrenta a la fuerza pública, saca a la Guardia Nacional que debe defenderte para que te someta y te trate como delincuente, te maltrate y te vea como su enemigo, neutraliza tu reclamo, te lanza a los colectivos para que te ataquen, te torturan, cuando la verdad lo que se busca es hacer entender que no podemos continuar por el camino que nos llevan y un gobierno democrático debe respetar la disidencia, la autonomía de los poderes, la libertad de expresión, la libertad económica, la propiedad, y aplicar la justicia de verdad, pero el nuestro no lo es.
De país alegre, solidario, trabajador, libertario, somos hoy objetivo militar, ventana para los desmanes y las peores violaciones a los derechos humanos, de allí que el camino es resistir y luchar, como lo hacemos todos los días ante nuestras necesidades y tragedias porque los derechos se defienden, se reclaman, se exigen no se negocian, no se condicionan y mucho menos se renuncian.

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