martes, 10 de febrero de 2015
¡Todo o nada!
¿Ustedes se imaginan lo que hubiese sucedido si a alguien opuesto al pensamiento único y sistema socialista de nuestro actual Gobierno se le hubiese ocurrido decir: “o hay patria para todos o no hay patria para nadie”?; en primer lugar, una cadena nacional para anunciar la apertura de un proceso de investigación por conspiración a quien se le ocurriera declararlo; luego la instrucción de actuación inmediata al Ministerio Público con orden de detención incluida seguramente o prohibición de salida del país como mínimo; y por último, toda la dirigencia del partido oficialista y el alto Gobierno en los medios de comunicación o fuera de ellos con su habitual estrategia: insultando, amenazando, volviendo añicos (o por lo menos intentándolo) la reputación, la moral, la imagen de ese enemigo de la patria, del Gobierno y de la revolución denunciando un nuevo plan magnicida, un gran complot; pero nada de esto ocurrió por la sencilla razón de que la frase, cuyo contenido, tono e intención a mí me sonaron a clarísima amenaza, fue obra del mismísimo primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, en un acto conmemorativo por el 4 de febrero de 1992, realizado en Campo de Carabobo.
Todo lo contrario, lo que se oyeron fueron aplausos para quien en ese momento representaba el heroísmo revolucionario, seriamente atacado por el imperio en el marco de una investigación por la supuesta declaración-confesión de un antiguo y cercano colaborador; con ello la urgente necesidad de lavar el rostro a otra de las columnas del socialismo del siglo XXI severamente castigado por el estruendoso fracaso en su actuación de su principal figura, el presidente Nicolás Maduro. Y es que así estamos, Venezuela absolutamente al revés: país rico que no logra brindar bienestar a sus habitantes y endeudado con medio mundo; con recursos, pero incapaz hoy de producir lo que comemos, vestimos y necesitamos para asearnos o movilizarnos; supuestamente libres y democráticos, pero sin derecho al pataleo, a la protesta, al rechazo de aquello que no te gusta o no estás de acuerdo sin que seas calificado y tratado como terrorista, guarimbero y desestabilizador; con colas que pretenden disimular haciéndolas internas o en los sótanos de los establecimientos para que no se vean mientras el Gobierno predica que el pueblo tiene “real”.
Vivimos en estado de sospecha permanente, cualquier cosa que digas o hagas podrá ser usada en tu contra si no eres del Gobierno por supuesto, si no aplaudes al régimen, simplemente que denuncies una verdad será suficiente para ir en tu contra. Ha ocurrido con nuestra dirigencia política, con los estudiantes, con artistas, periodistas y recientemente contra expresidentes, una cadena de farmacias con años en el país y hasta contra el presidente de la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales por declaraciones donde confirma la escasez de insumos en clínicas y hospitales. Tiene que ser así porque es lo que les queda, apelar al amedrentamiento, amenaza, al miedo y temor, al vil chantaje del abuso del poder a costa de la manipulación de ser los salvadores de la patria, al extremo de permitir la perversa e ilegal resolución 008610 para el uso de fuerza mortal contra manifestaciones que rechazan (en silencio) hasta sus seguidores, y a las llamadas ocupaciones forzosas de empresas en un intento desesperado por desaparecer las colas y apropiarse de los productos que las empresas del estado no son capaces de producir. Solo ellos pueden decir lo que quieran, solo ellos pueden hacer lo que quieran, que no les pasará nada, en el fondo lo único que verdaderamente importa es ver cómo le salvan un ojo al gato que les permita conservar ese poder “pase lo que pase” -como también dijo Diosdado-; el Gobierno ha generado un verdadero tsunami y en lugar de rectificar oscurece más el panorama, pasando de las descalificaciones groseras a invitaciones melosas para al final declararle la guerra a todo el mundo y pretender que invocaciones mágicas religiosas frenarán la crisis y que su fracaso es en realidad heroísmo bolivariano llevándonos del “por ahora” al “Dios proveerá”.
Nos queda apelar a la conciencia ciudadana, al verdadero compromiso que como venezolanos debemos al país; vamos a vencer el miedo, urge un verdadero estado de derecho, estabilidad económica y verdadera democracia, no la que nos dibujan por el simple hecho de convocar elecciones, la democracia que conquistaron nuestros antecesores, la que demanda nuestra constitución, la que les debemos a ésta y a las futuras generaciones asumiendo que es responsabilidad de todo aquel que apueste por un cambio de las actuales condiciones que vivimos día a día; de lo contrario, copiando a Nelson Mandela, “si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamento cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.
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