miércoles, 13 de agosto de 2014

Mi columna: Congreso Ciudadano.

Deyalitza Aray
En Venezuela, las condiciones particulares de nuestras familias constituyen el daño colateral de la grave crisis por la que atraviesa nuestra economía, resultado de erróneas políticas de un gobierno que ha dedicado consciente y estratégicamente su acción a lo que ellos llaman inversión social, que a mi juicio, es en el fondo una vulgar y abusiva inversión electoral que impide no solo nuestra verdadera independencia, sino que, además, vulnera nuestra libertad.
Nos dicen que la Revolución dignificó al más pobre, reconoció al más anciano, nos liberó del imperio, visibilizó a la mujer y nos enrumba hacia lo que han denominado el mar de la suprema felicidad; concediéndole el beneficio de la duda de que sea así, y partiendo del descalabro que nuestra era democrática sufrió como consecuencia de los errores de quienes ejerciendo el poder se olvidaron de su gente, me atrevo a preguntar ¿cuál ha sido el precio?: a los más necesitados les dio las Misiones para no generar un empleo de verdad que dé estabilidad laboral, pero a cambio tienes que rendir total y absoluta subordinación al gobierno que te "da de comer", que en elecciones con lista en mano te pasa la factura y te amenaza permanentemente de perder el beneficio si no eres fiel. A la tercera edad le reivindicó sus pensiones y eso es una obligación de todo gobierno, pero esto también se mantendrá mientras agradezcas hasta el infinito la benevolencia del régimen a pesar de las colas, a veces de la humillación para que luego solo te alcance para comer o para comprar las medicinas que tu gobierno no es capaz de garantizarte.
En Venezuela no hay gas y el gas lo produce el gobierno, no hay leche y la leche la deberían producir las empresas nacionalizadas como Lácteos Los Andes, la más grande del país. No hay azúcar y el gobierno es dueño de todos los centrales azucareros, no hay luz y el gobierno es dueño de todas las operadoras de electricidad, no hay cemento y el gobierno es dueño de todas las plantas de cemento, no hay harina de maíz y el gobierno es dueño de Harina Juana, no hay aceite y el gobierno es dueño de Industrias Diana, la mayor productora de grasas comestibles del país. Mientras esto ocurre en tu vida cotidiana, los gastos del Presidente Nicolás Maduro superan los 55 millones de bolívares para los primeros 6 meses de este año, por concepto de viáticos y pasajes, teléfonos, agencias de festejos, prendas de vestir, compra de vehículos, seguridad del Presidente y de su familia y para completar te anuncian el aumento de la gasolina porque según el presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, actualmente su precio es desorbitado: "Un cigarrillo, no una caja de cigarrillos, cuesta más que un litro de gasolina y con lo que gastas en comprarte un Toronto (que actualmente cuesta 20 bolívares) puedes llenar de gasolina el tanque de un transporte público. No tiene sentido". Nos preguntamos ¿y sí tiene sentido que sigamos suministrando petróleo a Cuba (96.300 barriles por día), Petrocaribe (95.000 barriles por día), China (600.000 b/d de crudo y derivados), Argentina (25.000 b/d de diesel) por mencionar solo algunos de los convenios suscritos en tiempo de revolución mientras intentan recostarle ese aumento al bolsillo de cada familia venezolana?
Insisten en lavarte el cerebro en contra de los gringos, mientras el alto gobierno abre sus cuentas personales allí mismo en el imperio, pero te gritan a los cuatro vientos que se trata de soberanía, de independencia, ¡mayor hipocresía, ahora más que nunca dependemos de afuera!
Te hablan de precio justo, pero cómo hacerlo con algo que para adquirirlo la gente se ve obligada a dormir a la intemperie, calarse hasta doce horas de cola para adquirir alimentos, comprar pañales, cauchos, baterías y otros repuestos para carros y lo peor que cuando al fin llegas a la punta te digan "se acabó, vente mañana más temprano". Todo esto no es más que el resultado de un modelo que evidentemente fracasó, colapsó, se desplomó y sucumbió a lo que tanto critican, la mentira, el despilfarro, la corrupción que juega con el hambre y con la propia vida, para que factores de la nueva burguesía hagan su negocio redondo, y mientras el pueblo seguirá haciendo colas si así lo aceptamos y nos resignamos y nuestras industrias quiebran en manos del gobierno. Por eso, amigo lector, vamos a consultarnos, vamos a encontrarnos para discutir de verdad, hacer uso de nuestro derecho a decidir, debatir cuál es el país que queremos, no para que nos lo regalen, sino para que lo conquistemos porque nos lo merecemos; de allí que vayamos al Congreso Ciudadano y hagamos esas líneas estratégicas, has una reflexión, hasta cuándo y hasta dónde estamos dispuestos a aguantar esta situación, porque el gobierno seguirá utilizando tu amor mientras anuncia nuevas medidas que te afectarán, porque es lo único que le queda para justificar y mantener la apariencia de que gobierna.

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