miércoles, 4 de marzo de 2015

Adiós, febrero.

Febrero se ha convertido para Venezuela, en las últimas décadas, en el mes de los acontecimientos: 1989 segunda presidencia de Pérez, signada por la caída del precio del petróleo y la crisis de la deuda latinoamericana que obligó al nuevo Gobierno a un drástico ajuste fiscal y originó que ese 27-F, protestas, saqueos y represión dieran la vuelta al mundo como El Caracazo .
Luego, en 1992, el cuatro de febrero para ser exactos, el país se mantenía en recesión y crisis, un grupo de oficiales medios decidió rebelarse. Se organizaron en un movimiento llamado MBR-200; querían acceder al poder. Lograron controlar varias ciudades del interior, pero fueron derrotados y el evento quedó indefectiblemente grabado para la historia que se escribiría en nuestro país a partir de ese momento, luego de la rendición del líder del grupo golpista y su famoso por ahora .
A partir de allí ocurrió de todo, cárcel, indulto, elecciones y la Quinta República, con nueva constitución y la instauración de un Estado sin separación de poderes, autoritario y personalista, legitimado por cada llamado a elecciones, sorprendido por la enfermedad y la muerte, para que, finalmente, Nicolás Maduro se convirtiera en el heredero y nuevo Presidente. Todo bajo la sombra de febrero.
Recientemente, apenas hace un año, febrero es nuevamente el protagonista; se inician en la capital reclamos, exigencias y franco malestar general por el desabastecimiento que comenzaba a hacer mella en nuestra vida diaria. Se unió Táchira, iniciativa de los estudiantes indignados por la violación de una estudiante en la universidad. Aparece la represión a gran escala, detenciones arbitrarias, la entrega de Leopoldo y muertes, lamentables, injustificadas y criminales muertes.
Arrancamos este nuevo año y febrero no se hizo esperar, un año más tarde todo parece estar igual, hasta peor, volvió a pasar, esta vez detuvieron al Alcalde Antonio Ledezma y otra muerte enluta a Venezuela; la víctima, un joven de 14 años que solo intentaba llegar a su casa; el presunto victimario, un oficial de la Policía Nacional Bolivariana de 23 años de edad, preso del odio generado y el cumplimiento de una orden autorizada por la nefasta resolución 008610 que permitió al agente disparar con una escopeta con perdigones de plástico que no debe ser usada en manifestaciones públicas, ni tampoco en el rostro, porque el resultado es fatal. Todo el mundo exige su nulidad, hasta la Iglesia Católica llamó al Gobierno a prohibir el uso de armas letales para el control de manifestaciones públicas. Basta de violencia asesina , es necesario respetar la vida de todos, sentenciaron y hasta el Papa Francisco hace llamados para que cese esta situación tan dolorosa en Venezuela.
Pero el Gobierno sigue sordo y amenazante; Maduro solo habla de una guerra económica y es de las pocas cosas en las que tiene razón, lo de Venezuela es una guerra, una guerra de un Gobierno contra su pueblo. Un Gobierno que arresta estudiantes, políticos de oposición, médicos, dueños de supermercados y farmacias, mientras no logra detener la inflación y cada día las largas colas por comida le revientan en sus narices mientras grita que es desestabilización del imperio.
El país necesita algo más que palabras, está despedazado, lo que hasta ayer era conocido en el mundo como todo un paraíso terrenal, premiado por la naturaleza, hoy está en ruinas, con una pobreza que crece; la desigualdad se profundiza y el crimen y la corrupción parecieran ser las únicas actividades lucrativas que hoy compiten con una nueva forma de producción denominada el bachaqueo ; nos sumergimos cada vez más en la crisis y el Gobierno apela a lo único que le queda, la imagen del líder, la mentira y la persecución. Se apoya en los aliados del proceso, le pide desesperadamente al pueblo que aún le acompaña que salga a la calle, que se enfrente por él, que lo defienda y la verdad yo no creo, al fin y al cabo, es el mismo pueblo que ya su misión no le alcanza ni para comer, sin atreverse a reconocer que todo no es más que las consecuencias del desacierto del régimen en intentar implantar, a troche y moche, un sistema que comienza a ser rechazado por todos sin distinción.
De nación alegre, solidaria, libertaria, somos hoy objetivo militar, ventana para los desmanes y las peores violaciones a los derechos humanos, de allí que el camino es resistir y luchar. Mientras tanto, seguirán nuestras amas de casa de cola en cola y nuestros muchachos, cuaderno en mano diciendo: Y no, y no, y no nos quitarán el derecho a protestar & consigna, clamor, determinación de una juventud y un sector de nuestra sociedad que dándonos la mayor lección de tenacidad y valentía, sacrificando hasta sus vidas, recorre el país entero en diversas proporciones, pero definitivamente dispuestos a no renunciar al derecho a la libertad, al pensamiento autónomo, a calidad de vida y a defender el país a toda costa. Queremos, necesitamos ¡un febrero distinto!

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