lunes, 7 de abril de 2014

Mi columna.

Una idiotez.
Luego de que en Venezuela se promulgara la ley para la elección directa de gobernadores y alcaldes y se asumiera el reto del verdadero empoderamiento popular al permitirse que los ciudadanos escogieran libremente a sus autoridades, emerge para el país un proceso cuya cuna sin ninguna discusión fue Carabobo y particularmente Puerto Cabello; me refiero a la descentralización, proceso que conllevó a la verdadera revolución ciudadana, al acercamiento del poder y el ejercicio del gobierno al pueblo, al permitir que estados y municipios fueran autónomos para la administración de sus recursos y demostraran que mientras más cerca del ciudadano estaba el gobierno, más eficiente era.
El puerto de Puerto Cabello, de ese pasado que la desidia, la burocracia y la incapacidad lo llevaron a ser un gran elefante blanco, con poca producción y nada de ganancias, dio un paso hacia el desarrollo gracias a la descentralización de sus actividades y la visión de un Gobierno que se empeñó en mejorarlo, que apostó con visión de futuro en su rescate y lo convirtió, pese a las críticas y a las contradicciones que se generan en todo proceso de cambio, en el puerto más importante del país y uno de los mejores del Caribe, con solo lo necesario para construir una infraestructura moderna, adaptada a la demanda del mercado y la consolidación de la actividad económica más importante de nuestro municipio y del estado y el interés de sus trabajadores, deseosos de mejorar sus condiciones de trabajo, más aun, su propia calidad de vida. Los recursos del puerto de Puerto Cabello sirvieron para la ejecución de obras como la recuperación del casco histórico de nuestra ciudad, la rehabilitación y construcción de escuelas, canchas, complejos deportivos; operativos de limpieza, cuadrillas de Operación Alegría y un sinnúmero de ayudas a asociaciones de vecinos, organizaciones civiles, culturales, que encontraban en el Ipapc siempre un punto de apoyo.
Desafortunadamente, en el año 2009 luego de un proceso de recentralización por parte del Gobierno Nacional que produjo para nuestro estado el mayor golpe a su autonomía al despojarlo y con ello a sus habitantes, de la administración del puerto, al mismo tiempo que se emprendería una de las denuncias más graves acontecidas en el área portuaria que fue el famoso caso Pdval y la desafortunada pero por demás cierta denuncia de corrupción y manejo en la entrega de los espacios y patios de nuestro principal terminal marítimo durante el gobierno revolucionario de Acosta Carlez conocido como el destructor de Carabobo y la cual duerme en brazos de Morfeo en la Contraloría General de la República, la Fiscalía, a pesar de haber sido anticipadas y alertadas por personas muy serias y solapadas a cualquier precio, por altos y bajos funcionarios bolivarianos que intentan desesperadamente detener la estrepitosa caída de una de las mayores mentiras de esta revolución.
Allí comenzó todo, y mantener el negocio es el verdadero trasfondo de lo que nos vendieron como reversión del puerto y su administración: entregaron todas las áreas de nuestro muelle, ciento treinta mil metros, que abarcan hasta las zonas de reserva que la misma ley prohíbe fueron entregadas, sacaron empresas, despidieron a trabajadores, se retardaron todas las operaciones, les entregaron las acciones a empresas cubanas y convirtieron en un verdadero desastre el manejo de nuestro Instituto de Puerto. ¿Qué se esconde de verdad detrás de todo esto?, un tremendo negocio que involucra altos funcionarios del Gobierno Nacional y del partido de Gobierno, acompañado de un silencio cómplice de autoridades como el alcalde de la ciudad, a quien no se le escucha la voz para este tipo de reclamos, para fortalecer las investigaciones y exigir como porteño la verdad. Las denuncias se mantienen, porque hoy cuando nuestro país atraviesa la crisis económica más severa de nuestra era, con una devaluación criminal y un desabastecimiento que pone en jaque la alimentación de los venezolanos, el negocio sigue allí y la pérdida con la consecuente destrucción de alimentos revienta en la cara de quienes pretenden a costa de lo que sea mantenerse en el poder.
Mientras eso ocurre, a un grupo de personas plenamente identificadas con el partido oficialista lo único que se les ocurrió fue solicitar la destrucción de un monumento que se hizo para recordar permanentemente el logro más importante de una ciudad como la nuestra, el monumento a la descentralización que se erige en nuestro Malecón para recibir cada barco que entra a nuestra ciudad portuaria y decirles que somos autónomos, pero lo peor es que pretender utilizarlo para hacer cabillas es una muestra no solo de idiotez, miseria y desprecio por lo obtenido, sino que además confirman la incapacidad para abastecer un mercado del cual también éramos líderes como la del hierro hoy consumida por la corrupción. Por más que lo intenten, jamás podrán destruir un legado que ya es parte de nuestro ser.

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